Existen deportes poco convencionales en los Juegos Nómadas Mundiales que combinan tradición y destreza, como una variante del tejo que se juega con huesos de talón de cabra, luchas a caballo donde un jinete debe derribar al otro, y un juego similar al pato, pero con una cabra en lugar de una pelota. Así describe Martín Marino algunas de las pruebas de esta competencia. Marino es uno de los cuatro argentinos que representan al país en la actual edición de los Juegos, que se llevan a cabo en Kirguistán desde el 31 de agosto y finalizarán el 6 de septiembre.
No es raro afirmar que los argentinos están presentes en todo el mundo. Algunos abrieron librerías en China, otros se destacaron en fútbol en Arabia Saudita, y hay quienes cruzaron Groenlandia a esquíes. En esta ocasión, cuatro argentinos en sus treinta años enarbolan la celeste y blanca en unos “Juegos Olímpicos” alternativos que se celebran cada dos años en Asia Central, con el objetivo de promover la cultura de la región.
La sexta edición de los World Nomad Games se inauguró en Bishkek, la capital kirguís, con la participación de más de 100 países y 43 disciplinas. Entre los asistentes destacaron los mandatarios de las principales potencias orientales: Xi Jinping (China), Vladimir Putin (Rusia) y Narendra Modi (India), quienes observaron la ceremonia desde un palco en coincidencia con una reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái celebrada en el país.
Martín Marino, junto a sus compañeros Ignacio Repetto, Francisco Ghisletti y Mateo Bilbao la Vieja, se alojan en un hotel ubicado en la zona montañosa de Cholpon-Ata, a tres horas de la capital. “El lugar es hermoso”, comenta Marino, quien considera que los Juegos Nómadas son similares a los Olímpicos, pero sin deportes convencionales, y que buscan mantener vivos los deportes tradicionales de la región, incluyendo tanto disciplinas físicas como intelectuales.
Los cuatro argentinos comparten una pasión por los viajes. Martín reside en Barcelona, y junto con dos compañeros es ingeniero, mientras que otro es licenciado en Relaciones Internacionales. Al enterarse de la existencia de los Juegos, decidieron no perder la oportunidad y buscaron la forma de inscribirse, ya que el certamen acepta deportistas de cualquier país, sin restricción de origen asiático.
Su grupo conoció los Juegos durante una visita a Hungría, cuando unos kazajos que ya habían participado les informaron sobre la competencia. Les llamó la atención la semejanza de algunos deportes nómadas con juegos tradicionales. Motivados por la curiosidad, comenzaron a explorar cuál de esas disciplinas alternativas podían aprender para competir representando a Argentina.
Primero probaron el kazajo Asyk Atu, una especie de tejo que se juega con huesos de talón de cabra u oveja, pero esta disciplina no fue incluida en la edición actual, que privilegia los deportes kirguís. Buscando otras opciones, contactaron a Ricardo Acuña, presidente de Codasports, la asociación argentina de juegos alternativos que ya había participado en los Nómadas. Acuña les sugirió apostar por juegos de estrategia basados en su fortaleza en el ajedrez. Así, los cuatro aprendieron y perfeccionaron un deporte intelectual y se inscribieron en la competencia.
Los juegos Toguz Korgool, Oware y Mangala son variantes de un mismo juego originario de diferentes regiones. La condición para que los argentinos compitieran era que entre los cuatro se cubrieran las tres especialidades. Martín eligió Toguz Korgool; Ignacio, Oware; y Francisco y Mateo, Mangala.
Estas disciplinas se juegan con fichas –pelotitas, piedritas o semillas– y un tablero con pequeñas cavidades donde cada jugador debe distribuir las fichas para capturar las de su oponente. El Toguz Korgool, practicado por Martín desde el año pasado, es similar al backgammon y se disputa uno contra uno con un total de 162 fichas. Cada jugador comienza con nueve fichas y gana quien primero conquiste 82. Los movimientos deben anotarse y mostrarse a los jueces.
El juego consiste en seleccionar una “casa” o cavidad y distribuir las semillas una por una en sentido antihorario. Si la última semilla cae en una cavidad con un número par, se capturan todas las semillas de ese lugar. Es un juego sin azar, con una fuerte base matemática que puede incluir secuencias de hasta treinta movimientos y más combinaciones que el ajedrez.
Los kazajos son expertos en Toguz Korgool, un juego que se originó como herramienta para que los comandantes militares calcularan sus cadenas de suministro. Martín reconoce que enfrentarse a ellos suele significar una derrota, ya que el nivel es muy alto y exige cálculos complejos y anticipación de movimientos.
Martín debutó el miércoles y competirá todos los días salvo este viernes. El domingo conocerá su posición final entre aproximadamente sesenta participantes en su categoría. “Creo que hay un premio, pero no estoy muy al tanto”, admite, evidenciando que su motivación es la pasión y la aventura más que la recompensa económica o material.
–¿De dónde nació tu interés para inscribirte? –le preguntaron.
–De la experiencia misma. De poder participar en un hotel rodeado de gente de todo el mundo. También de la posibilidad de competir en una competición deportiva de esta magnitud. Somos un grupo de amigos que nos gusta viajar y vivir experiencias en lugares poco convencionales. Pensamos: ¿qué tal competir en unos juegos en medio de las montañas de Kirguistán? –respondió
RADIO ESPERANZA DIGITAL ★ SITIO OFICIAL★
